El pueblo
Torrevieja es un destino de la Comunitat Valenciana localizado en el litoral de la comarca de la Vega Baja del Segura. En sus orígenes, fue un pueblo ligado a la producción salinera, la pesca y la navegación; sin embargo, a partir de los años 60, se inicia la gran transformación del municipio debido al fenómeno turístico y a la actividad de la construcción. El modelo de crecimiento turístico se basó en la vertiente residencial, es decir, en la construcción de nuevos asentamientos ubicados en la franja litoral o, en el núcleo urbano preexistente, para alojamiento estacional como segunda residencia.
El origen del nombre de Torrevieja se remonta a la época de la Reconquista, en referencia a los diferentes adjetivos descriptivos compuestos de 'torre' y 'vigía' en alusión a la existencia de torres de observación contra los ataques de la costa mediterránea.[4] Por tanto, para el caso de Torrevieja, esta contaba con dos torres defensivas y de vigilancia situadas concretamente en la zona del cabo Cervera, donde las más importantes fueron la de Torrelamata, que da nombre a un pedanía torrevejense, y la 'torre-vieja', que se encontraría próxima a la cala Cornuda y de la cual se deriva el origen del nombre de la ciudad. En aquellos tiempos, Torrevieja no era más que un conjunto de torres vigías y de casas en las que vivían los trabajadores de las salinas. Fue en 1803 cuando Carlos IV decidió trasladar la administración de las Salinas Reales junto a la 'Torre Vieja', y así es como el nombre del municipio deviene de la antigua Torre Vigía, o Vieja, situada en las Eras de la Sal, un antiguo embarcadero de sal.[5]Torrevieja se encuentra situada en un paraje de alto valor paisajístico y ecológico a orillas del mar Mediterráneo y junto a las lagunas de La Mata y Torrevieja. Es la quinta ciudad en número de habitantes de la Comunidad Valenciana y la tercera de la provincia de Alicante.
El municipio se ha especializado en el sector servicios, especialmente en actividades asociadas al fenómeno turístico, convirtiéndose en un destino turístico dominado por las segundas residencias cuyo principal reclamo ha sido “el sol y playa”, pero con el desafío de poner en valor recursos naturales y culturales con gran potencial.
El origen de Torrevieja se remonta a la edad antigua, como atestiguan distintos estudios. El núcleo originario de población, como enclave costero, estaba protegido mediante la ubicación de torres, por la importancia de la extracción de sal originariamente realizada de la laguna de la Mata. Con el traslado de la extracción de la sal a la laguna de Torrevieja, tiene lugar la fundación administrativa de la actual población, a comienzos del siglo XIX. Desde sus orígenes, el desarrollo urbano y demográfico van directamente asociados a la producción salinera y a las actividades del mar, del tal forma que la economía del pueblo, en el siglo XIX, se basaba en la explotación de las salinas, la pesca, el contrabando con la costa norteafricana y el comercio marítimo transatlántico, mayoritariamente a Cuba y Puerto Rico (Huertas Morión, 1981). No obstante, a finales del siglo XIX, se dejó de comerciar con las colonias americanas, y adquirió relevancia la pesca y el comercio con las colonias norteafricanas.
En 1884, se produce un hecho relevante para el municipio y es que se inaugura el ferrocarril (como ramal Albatera-Torrevieja de la línea Murcia-Alicante que explotaba la compañía de los ferrocarriles andaluces) que contribuye al desarrollo de la economía local y comarcal (Cañizares Llanes, 2013). Por un lado, se facilitó la entrada y distribución de productos coloniales, y por otro lado, permitió el desplazamiento de la población de la comarca para uso de playas y balnearios; el turismo incipiente en el municipio, entendido como función veraniega (Pérez-Montesinos, 2017; Vera Rebollo, 1984).
Durante el conflicto de 1914-1918, alcanza su apogeo la navegación comercial, a lo que contribuyó la construcción de barcos en astilleros locales. En los años 50, se construye el muelle de la sal, propiciando un crecimiento en la explotación y exportación de la sal de las salinas de Torrevieja (Celdrán-Bernabeu and Molina, 2004). Así pues, hasta 1960, la actividad económica en Torrevieja se basaba en tres grandes sectores: las salinas, la pesca y la navegación. Sin embargo, ya partir de este momento, se inicia la gran transformación del municipio ligada al fenómeno turístico y, en especial, a la actividad de la construcción (Cañizares Llanes, 2013; Vera Rebollo, Ivars-Baidal and Celdrán-Bernabeu, 2016).
En la década de los 60, comienzan a llegar los primeros turistas extranjeros, principalmente suecos, atraídos por las diferencias climáticas y paisajísticas (Sala Aniorte, 2016). Posteriormente, comienzan a desplazarse otros turistas procedentes de Alemania y Reino Unido cuya motivación también era el clima, la playa y la diversión (Pérez-Montesinos, 2017), sumados a los turistas nacionales que también querían gozar de este entorno Mediterráneo. Así pues, la actividad turística, surgida en esta etapa, es el punto de partida del consumo de masas que actuó como revulsivo para la economía local y, supuso el inicio de la transformación del sistema urbano y territorial (Vera Rebollo, Ivars-Baidal and Celdrán-Bernabeu, 2016; Pérez-Montesinos, 2017).
En el caso torrevejense, el modelo de crecimiento turístico se basó en la vertiente residencial, es decir, en la construcción de nuevos asentamientos creados ex novo en la franja litoral o, en el núcleo urbano preexistente, para alojamiento estacional como segunda residencia en propiedad o para alquiler vacacional (Vera Rebollo, Ivars-Baidal and Celdrán-Bernabeu, 2016). De este modo, la población local comienza a dejar los otros sectores productivos (salinas, pesca y navegación), ya que el sector turístico y de la construcción ofrecía más rentabilidad a corto plazo. Por tanto, y como ha sucedido en otras localidades costeras españolas, la ciudad se ha especializado en el sector servicios, provocando una pérdida de importancia de los otros sectores. En particular, Torrevieja, deja de ser un pueblo dedicado a actividades primarias, para convertirse en un destino turístico dominado por la promoción y venta de segundas residencias (Vera Rebollo, Ivars-Baidal and Celdrán- Bernabeu, 2016; Pérez-Montesinos, 2017).